Maltrato

Hablamos constantemente del maltrato, de lo que implica, de como se llega a él, lo que debemos hacer. Como siempre, hablar es muy fácil. Hay situaciones que hay que vivir, para poder desarrollar la empatía necesaria para comprenderlas.

El maltrato no es solo de género, no es solo físico. Tiene una vertiente psicológica que es lo realmente duro, y si a ella le unimos el maltrato físico… A nivel psicológico, el maltratado queda destruido en su ego, desaparece la conciencia de si mismo. Es un camino que se recorre lentamente, empieza sutilmente con pequeños desprecios y comentarios denigrantes. Poco a poco la persona humillada, va intentando adaptarse, convertirse en lo que el maltratador o maltratadora quiere. Intenta ser perfecta,  que esté orgulloso de ella, no darle motivos de queja, excusas… Pero nada vale.

La persona maltratada va cayendo en un ciclo de anulación mientras que el maltratador se siente bien, se siente superior y alimenta su ego.

buscaba una foto ambigua, sin género.

Yo he visto el maltrato psicológico, he visto como se humilla intelectualmente a una persona, como se le desprecia, con pequeños comentarios y actitudes.

Lo veo cada día a mi alrededor. Veo como gente débil se dedica a alimentar su ego, hiriendo a la gente que la rodea. Es algo que no me gusta, sin embargo lo he hecho y lo he sufrido.

Todos nos creemos con derecho a juzgar, pero pocos intentamos conocernos y ser conscientes de nuestros comportamientos. No sería mejor dejar de hablar tanto y actuar? Cada uno de nosotros puede empezar por algo, que en realidad es una obligación hacia nosotros mismos. Volver la mirada hacia dentro, y ser conscientes de lo que somos, de nuestros defectos y virtudes. A partir de ahí estaremos preparados para intentar cambiar lo que sabemos que es incorrecto.  Aprenderíamos a escuchar, a comprender, tolerancia… nuestra autoestima mejoraría, poco a poco empezaríamos a sentirnos más seguros de nosotros mismos , preocuparnos por la gente a nuestro alrededor, a no necesitar tener razón, ni humillar, ni despreciar…

Sobre el maltrato psicológico :   link1link 2

Todo esto ha venido a cuento de lo siguiente:

Concurso Nacional “Carta a un maltratador”. “Juntos contra la violenciamachista”.-

Carta a un mal tratador.-

Por: Fernando Orden Rueda 2º de Bachillerato, de Ciencias de la Salud. IES Bioclimático, de Badajoz.

II Premio del II Concurso Nacional ‘Carta a un maltratador’, convocado por la Asociación ‘Juntos contra la violencia doméstica’

Para ti, cabrón: Porque lo eres, porque la has humillado, porque la has menospreciado, porque la has golpeado, abofeteado, escupido, insultado… porque la has maltratado. ¿Por qué la maltratas?. Dices que es su culpa, ¿verdad? Que es ella la que te saca de tus casillas, siempre contradiciendo y exigiendo dinero para cosas innecesarias o que detestas: detergente, bayetas, verduras… Es entonces, en medio de una discusión cuando tú, con tu ‘método de disciplina’ intentas educarla, para que aprenda. Encima lloriquea, si además vive de tu sueldo y tiene tanta suerte contigo, un hombre de ideas claras, respetable. ¿De qué se queja?

Te lo diré: Se queja porque no vive, porque vive, pero muerta. Haces que se sienta fea, bruta, inferior, torpe… La acobardas, la empujas, le das patadas…, patadas que yo también sufría.

Hasta aquel último día. Eran las once de la mañana y mamá estaba sentada en el sofá, la mirada dispersa, la cara pálida, con ojeras. No había dormido en toda la noche, como otras muchas, por miedo a que llegaras, por pánico a que aparecieses y te apeteciera follarla (hacer el amor dirías) o darle una paliza con la que solías esconder la impotencia de tu borrachera. Ella seguía guapa a pesar de todo y yo me había quedado tranquilo y confortable con mis piernecitas dobladas. Ya había hecho la casa, fregado el suelo y planchado tu ropa. De repente, suena la cerradura, su mirada se dirige hacia la puerta y apareces tú: la camisa por fuera, sin corbata y ebrio. Como tantas veces. Mamá temblaba. Yo también. Ocurría casi cada día, pero no nos acostumbrábamos. En ocasiones ella se había preguntado: ¿y si hoy se le va la mano y me mata? La pobre creía que tenía que aguantar, en el fondo pensaba en parte era culpa suya, que tú eras bueno, le dabas un hogar y una vida y en cambio ella no conseguía hacer siempre bien lo que tú querías. Yo intentaba que ella viera cómo eres en realidad. Se lo explicaba porque quería huir de allí, irnos los dos…Mas, desafortunadamente, no conseguí hacerme entender.

Te acercaste y sudabas, todavía tenías ganas de fiesta. Mamá dijo que no era el momento ni la situación, suplicó que te acostases, estarías cansado. Pero tu realidad era otra. Crees que siempre puedes hacer lo que quieres. La forzaste, le agarraste las muñecas, la empujaste y la empotraste contra la pared. Como siempre, al final ella terminaba cediendo. Yo, a mi manera gritaba, decía: mamá no, no lo permitas. De repente me oyó. ¡Esta vez sí que no!-dijo para adentro-, sujetó tus manos, te propinó un buen codazo y logró escapar. Recuerdo cómo cambió tu cara en ese momento. Sorprendido, confuso, claro, porque ella jamás se había negado a nada.

Me puse contento antes de tiempo.

Porque tú no lo ibas a consentir. Era necesario el castigo para educarla. Cuando una mujer hace algo mal hay que enseñarla. Y lo que funciona mejor es la fuerza: puñetazo por la boca y patada por la barriga una y otra vez…

Y sucedió.

Mamá empezó a sangrar. Con cada golpe, yo tropezaba contra sus paredes. Agarraba su útero con mis manitas tan pequeñas todavía porque quería vivir. Salía la sangre y yo me debilitaba. Me dolía todo y me dolía también el cuerpo de mamá. Creo que sufrí alguna rotura mientras ella caía desmayada en un charco de sangre.

Por ti nunca llegué a nacer. Nunca pude pronunciar la palabra mamá. Maltrataste a mi madre y me asesinaste a mí.

Y ahora me dirijo a tí. Esta carta es para tí, cabrón: por ella, por la que debió ser mi madre y nunca tuvo un hijo. También por mí que sólo fui un feto a quien negaste el derecho a la vida.

Pero en el fondo, ¿sabes?, algo me alegra. Mamá se fue. Muy triste, pero serenamente, sin violencia, te denunció y dejó que la justicia decidiera tu destino. Y otra cosa: nunca tuve que llevar tu nombre ni llamarte papá. Ni saber que otros hijos felices de padres humanos señalaban al mío porque en el barrio todos sabían que tú eres un maltratador. Y como todos ellos, un hombre débil. Una alimaña. Un cabrón.

Fernando Orden Rueda

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