Habitación en Roma de Julio Medem

Llevaba desde la primera vez que leí la sinopsis, intentando conseguir la película, ayer lo logré.  Acabo de terminar de verla, en pleno proceso alérgico, tirado en casa debajo de una manta y bebiendo litros de zumo de naranja.

En mi cabeza surge el Meden de La ardilla roja, tan lejano y al mismo tiempo, cercano al que acabo de ver ahora.  Recuerdo a Nancho Novo, a Enma Suárez en esa película, en ese otro momento. El Medem de  Lucía y el Sexo y ahora éste, todos en un mismo camino.

UN RECUERDO: Nancho Novo sentado en la cafetería de la facultad esperando a su pareja, mientras yo hacía salir corriendo a una de mis mejores amigas, ofreciéndole presentárselo porque sabía que estaba loquita por él.

Me siento identificado,  ambas y ninguna. A lo largo de mi vida siempre he tenido una sensibilidad especial. Algo que me hace sentir diferente del resto. Puede que sea solo vanidad, orgullo, necesidad de sentirme especial. Curiosamente, eso mismo es lo que me hace igual al resto, en mi rareza.

Un momento fugaz, en el que todo es mágico, ideal, perfecto. Un momento que todos deseamos vivir y que no acabe nunca. Soy yo un descreído, se ha roto mi capacidad de soñar, o la realidad, la vida, el amor es algo diferente?

Un momento no es más que un una ilusión efímera. El amor se hace a base de muchos momentos, buenos, malos, regulares. Esforzándonos día a día, siendo generosos, comprensivos, honestos. Perdonándonos nuestros fallos y los de la persona que tenemos a nuestro lado. Haciéndonos responsables de nosotros mismos para así poder amar plenamente, a nuestra pareja… al mundo.

Siempre me he sentido más cerca de las mujeres que de los hombres. No por una cuestión de género (estoy hasta los cojones del género, cuando comprenderemos que ante todo somos personas?), sino porque su capacidad de amar es más pura, más limpia. Y he aquí la aparente paradoja, su sentido de la realidad, de la practicidad de la vida, también es más claro.

Soy sensible, más de lo que es habitual en mi género. El amor, la compasión, el sentido de la protección desbordan en mí. Me faltaba la responsabilidad, que ya he aceptado, he abierto el camino a la coherencia, a la conciencia.

Esa habitación es algo que todos hemos vivido, ya sea en Roma o en Almendralejo. Es un sueño, una idealización. Vivimos aquí y ahora, y para mí, eso no significa que todo sea maravilloso, que todo tengamos que convertirlo en algo increíble y que ha merecido la pena. Significa que hay que vivir el momento, sentirlo, y eso significa hacerlo tanto si es bueno como si es malo. Aceptar ese momento y aprender lo necesario. El momento aceptado, no evitado, tanto bueno como malo, vivido con responsabilidad, hace que la vida se convierta en algo hermoso que merece la pena. No es necesario hacer grandes cosas, solo ser y reflejar sin miedo lo que somos a nuestro alrededor, aportando lo que podemos con generosidad.

Hoy he visto una historia de dos personas, una historia alejada de condicionamientos, de clichés y de egos… por un momento.

Mi corazón dio un vuelco escuchando a Lourdes Fernández (Russian Red) al comienzo de la película… su voz, escuchada desde una butaca vacía.

Sonando en mis oidos:

Reportaje a Julio Medem:

Cita de Medem: “Todavía no he escapado de mi mismo”

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