Sirenas

Esta historia sucedió un día nublado de verano. Alfa se fue a la playa después de comer a darse un baño. Cuando llegó, la playa estaba vacía como esperaba, a excepción de los socorristas y una pareja de jóvenes que caminaban por un extremo de la playa en dirección a la salida. Alfa se desnudó, se puso el traje de baño y se fue directo al océano a darse un baño, soplaba un viento fresco del noreste y el agua estaba espectacularmente agradable. Mientras disfrutaba jugando en el agua, se giró y descubrió que las dos jóvenes habían cambiado el rumbo y se dirigían hacia donde estaba él. Una de ellas se quitó la ropa y pudo ver un hermoso cuerpo cubierto por un traje de baño blanco que resaltaba el moreno de su piel. En la distancia, le resultaba muy atractiva y a medida que se iba acercando, pudo apreciar la frescura de su cara, la limpieza de sus mirada y su irresistible sonrisa.

Vio como se iba metiendo poco a poco en el agua y cuando se dio cuenta estaba hablando con ella:

– Ánimo! el agua está muy buena.

Ella no pareció oírle hasta que llegó a unos dos metros de él. Entonces se dirigió a ella:

– Disfruta, el agua está buenísima y es un lujo tener la playa solo para nosotros.

– Sí, contestó ella, está muy buena, mejor que ayer.

– Es porque el día está más fresco y el contraste de temperatura es menor.

Alfa observó su rostro, era joven y en ella brillaba esa frescura que solo tienen las personas o que son jóvenes o que se sienten jóvenes. Era muy hermosa y cuando se despidió, Alfa notó el desgarro de la separación aunque la acabase de conocer. La siguió con la mirada mientras salía del agua y de repente, para su asombro, vio como se zambullía de nuevo y desaparecía debajo del agua, miró y no la vio salir, aunque le pareció ver una cola verde plateada, quizás como la que tendría una sirena.

Alfa y la compañera de la sirena, se quedaron quietos, petrificados cada uno en su sitio. Hoy siguen esperando que la sirena vuelva y se vayan los tres a realizar un gran viaje sin fin.

Es bonito soñar o quizás Alfa estaba esperando a que llegara su sirena, porque sabía que las leyendas no eran más que cuentos para asustar a los niños en las diferentes culturas.

Un segundo puede cambiar una vida. La imagen de aquí.

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