Paseando por el río.

Hoy he ido a pasear por un senderillo que acompaña a un río de la ciudad en la que vivo. Como casi siempre que salgo a pasear por senderos o incluso en zonas más de montaña, me he encontrado con un montón de bolsas, latas, botellas de plástico y otras muchas cosas tiradas a lo largo del camino. Como siempre mi pensamiento ha sido: que poco respeto nos tenemos a nosotros mismos. Y digo esto, porque la forma en que cuido mi hogar, mi planeta, es la misma en que me cuido a mí mismo y mi entorno.

Este domingo pasado, fue la manifestación por el cambio climático. En mi cartel ponía:

“Aprendamos a cuidar nuestro hogar y a nosotros mismos”

Creo que no podemos esperar a que venga alguien a hacer nuestro trabajo. Si voy a pasear por un entorno maravilloso, que me proporciona paz y descanso de mi quehacer diario, ¿no será un signo de respeto no ensuciarlo?, ¿no será una forma de devolverle lo que me da, agacharme a recoger un poquito de la basura que me encuentre aunque otro la haya tirado?

Para mí, en la vida no es necesario hacer grandes actos, basta uno pequeñito todos los días para que el mundo cambie. Y no, no lo estaré haciendo porque soy tonto, lo estaré haciendo porque creo en mí, porque confío en aquello que siento, independientemente de lo que piensen los demás. Creo que mi libertad es una de las pocas cosas que nadie puede quitarme si aprendo a elegir qué es lo que quiero y lo que no quiero hacer.

Durante el camino me paré un par de veces, para hablar sobre esto con otros caminantes. El primero me comentó que sí, que  era cierto y les echó la culpa a los que iban los domingos y me contó que el ayuntamiento mandaba de vez en cuando a alguien. Yo creo que no debemos esperar a que otros hagan nuestro trabajo, que vengan a limpiar el polvo que hay debajo de nuestro sofá.

Si creo, que la administración y otros estamentos tienen que trabajar, que ser más fluidos, saber que les preocupa a sus ciudadanos, cuales son las necesidades reales y gastar el dinero público en ellas y no en grandes obras que no son útiles y que más bien suelen servir para inflar nuestro orgullo y alejarnos de aquello que es importante.

Por mi parte, por encima de todo, considero que el planeta es mi casa y que todos estamos conectados de alguna manera y tenemos un origen común. Yo me haría las siguientes preguntas después de mirar a mí alrededor:

¿Todo lo que tengo es necesario para la vida que llevo?

¿Qué hago con todas las cosas que no utilizo?

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