Una vida sin contacto

Hace poco conocí a una mujer. Aunque es atractiva, me llamó la atención lo que vi a través de sus ojos. Fue como ver otros ojos conocidos y a través de ellos un alma familiar. La segunda vez que la vi, convencido de que su alma provenía del mismo lugar que la de mis recuerdos, le pregunté si les daba abrazos a las personas que quería, sabiendo que la respuesta iba a ser no.

Manos

Mi mano unida a la de dos mujeres en un momento especial entre nosotros.

Por algún motivo, una de las mayores murallas que construimos a nuestro alrededor, es la muralla de la distancia. Evitamos el contacto físico porque es aterrador sentir la calidez y la ternura de otro ser humano. Así no lo echaremos de menos cuando no esté y no dolerá tanto.

Sin embargo, también es una muralla para nosotros, una muralla de miedo, que nos impide abrirnos a otros seres a verlos/nos en profundidad.

Es cierto, que hoy en día no sabemos cuando y como tocar a otra persona, hemos convertido los abrazos, los besos, los golpecitos en una costumbre social. Cuantas veces nos encontramos con una persona que mientras nos habla no para de darnos golpecitos en el brazo con la mano, o esa persona que vemos todos los días y nos da un abrazo cada vez que nos ve.

En mi caso, estoy hablando de esos momentos que compartimos con otras personas y que piden ese contacto. Momentos en que hemos conectado con esa otra persona y en los que ese contacto es incluso necesario. Sólo que para poder ver esos momentos hay que derribar las murallas, hay que estar dispuesto a que duela, a que esas memorias de rechazos y distancias que hemos acumulado desde pequeñitos afloren y duelan, haciendo caer esas lágrimas gordas, saladas que parecen provenir de algún lugar dentro de nosotros

almas-gemelas

Llegó a mi a través de una persona especial. Por un momento creí que era mi alma gemela. Quizás no era el momento, quizás no nos permitimos bajar nuestras barreras, quizás…

que hemos olvidado hace mucho. Esas lágrimas que duelen hasta lo imposible y que cuando se secan te dejan exhausto, sí, pero también limpio y un poco más humano.

Cada vez que tenemos un momento así, vamos abriéndonos a la vida, al universo y cada vez nos resultará más fácil ver esos momentos en que es necesario ese contacto que llega mucho más lejos del mero contacto físico. Es la unión de dos almas por un instante, en un vínculo que perdura a través del tiempo y el espacio.

Unos días después, me encontré a la hermana de esta chica, y le pregunté lo mismo intuyendo que me iba a responder que ella si daba esos abrazos. Y sí, los da.

Curioso.

 

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