Sobre la libertad, la magia en el mundo y su represión.

Pretendo transmitir algo importante, espero que la inspiración guíe mi mano, para hacerlo lo suficientemente bien.

Ayer, tras un maravilloso paseo por Granada, lleno de grandes momentos. Bajaba hacia la plaza nueva, cuando escuche el sonido de un guitarra y una voz. Me llamó la atención y me encontré a Gus Matheu (increíble, te pararás si lo escuchas) , un chico venezolano al que ya había escuchado en el mismo sitio y decidí quedarme a disfrutar de su música.

Gus canta desde la humildad, creo que realmente pretende ofrecer algo que le sale de muy dentro. Y eso es fácilmente apreciable. Tras saludar a Ángela, una mujer que probablemente  representa más edad de la que tiene por la forma de vida que lleva y que por lo que yo puedo ver, es uno de esos seres con un brillo especial, que a muchas personas les pasa desapercibida, encontré un sitio para sentarme a disfrutar.

Por algún motivo, quiso el azar que casi al lado estuviese sentada otra mujer, otro alma realmente hermosa, una chica francesa, Lalina, que acaba de llegar a Granada y a la que conocí el día que llegó y que según me dijo ayer, tengo el honor de ser la primera persona con la que habló aquí. Me quedé mirándola, feliz de verla y cuando levantó la cabeza y sonrió al verme, me acerqué a saludarla y acabé sentado con ella y sus amigos.

A partir de ahí, pude disfrutar de la magia que había y sentir como iba subiendo de intensidad. De vez en cuando, Lalina cantaba a duo con Gus, sentada a mi lado. Un grupo de callejeros, en el sentido de gente que viaja con lo justo, fuera del consumismo habitual y  ganando algo de dinero con malabares o cualquier otra cosa que saben ofrecer, empezó a bailar, fluyendo con la música, haciendo que la magia fuese creciendo hasta que poco a poco todos nos vimos envueltos en una burbuja especial, donde jovenes, padres y pequeñuelos, granadinos, turistas, callejeros… compartíamos música y baile. Fue un momento realmente mágico y poco habitual. Es la vida expresándose sin limitaciones, de forma espontánea y libre.

A pesar de todo lo que os estoy contando, el sonido de todo este movimiento, no iba más allá de un radio de 25 metros más allá de Gus.

Y que sucedió, que apareció la policía local anti disturbios.

Se acercaron a Gus, le pidieron sus papeles y se acabó la música. Sí, debían ser cerca de las doce. No, como dije antes el sonido no llegaba más allá de un pequeño círculo. Gus irradia una calma enorme y todo fue muy tranquilo. Yo no dejaba de observarle ofreciéndole todo mi apoyo y Lalina cogió su guitarra y empezó a cantar a mi lado (Alucinante, cielo).

Cuando acabaron con Gus, uno de los policías se acercó directamente a nosotros. Curiosamente miró a Lalina que seguía tocando a mi lado, pero se dirigió a mi diciéndome que no podíamos estar sentados en el suelo y que sino sabíamos que el edificio que teníamos detrás era la Audiencia Provincial. Le contesté que estaba vacía, él me preguntó si le entendía, yo respondí, ¿y tú a mi?.

A continuación me dijo que había que dejar que la gente circulase libremente. Ya no contesté, obviamente la gente podía pasar tranquilamente, había sitio de sobra detrás de todo esto (es una plaza grande), curiosamente la mayoría de la gente que pasaba se quedaba a compartir este increíble momento y no era más que una pobre justificación para lo que estaban haciendo. Nos dejó y empezó a dispersar a los  bailarines y al resto de la gente que estaba por allí.

Nosotros cuatro fuimos los últimos en recoger e irnos con toda la tranquilidad. El policía sintió la necesidad de volver y seguir explicándose. Dirigiéndose otra vez a mi, me dijo que las botellas que teníamos (dos botellas casi llenas) eran de sangría  y que no se puede beber en la calle. Sí, existe una ley que lo prohíbe.  No sé si quería explicarse otra vez porque se sentía mal, si quería decirme que estaba siendo magnánimo… sólo él lo sabe. Yo no pude dejar de decirle mientras se alejaba:  “y la ley de vagos y maleantes sigue en vigor”.

Tras esto, Lalina y sus amigos se quedaron en el banco mientras ella tocaba su guitarra y cantaba bajito. Ole otra vez, mi niña. Yo me despedí y me fui, realmente sentí un fuerte dolor por ver como se reprimía un momento de unión entre personas de todo tipo, unidas por la magia que comenzó con un músico increíble y creció con lo que cada uno aportó de si mismo. Hubo un momento que tenía los ojos anegados por las lágrimas y me costaba ver por donde caminaba. Otra vez, dolor por ver como funciona el mundo y la represión que existe bajo la excusa de aplicar leyes injustamente. Y sí, comprendo perfectamente por qué se promulgaron esas leyes.

Estas son mis reflexiones sobre todo esto:

  • Las leyes se promulgan en un intento de regular la convivencia.
  • Una ley sólo es justa cuando se aplica en el momento en que es necesaria. En este caso, no había ningún comportamiento que se ajustase al motivo por el que estas leyes en concreto han sido promulgadas. Este ha sido un caso de injusticia en la aplicación de la ley y donde la autoridad, que la tiene porque nosotros, todo el pueblo, se la hemos otorgado, se ha excedido en su uso.
  • En derecho podríamos decir, que no se atentó contra el espíritu de la ley, si fuese derecho penal, que no se cumplían las condiciones para que se diese el tipo penal que correspondiese.
  • La protección que se pretende con la ley y la represión de las formas de expresión son cosas distintas. La constitución garantiza el derecho de todos los españoles a expresarse libremente. Creo que simplemente este derecho justifica la desobediencia civil pacífica, incluso creo que quizás es hora de ponerla en práctica, de unirnos y usar ese derecho ante quien sea.
  • Que las expresiones espontáneas del tipo que sea, como estas que son pacíficas y sirven para unir a personas de absolutamente todo tipo y condición, son muy peligrosas para el sistema, porque abren puertas dentro de nosotros. Puertas que nos llevan a comprender lo que realmente somos y a ver que la vida es algo más que estudiar, hacer deporte, trabajar, comprar una casa, encontrar pare, tener hijos, pagar impuestos, consumir… Puertas que nos hacen ver que aquellos que dirigen esta sociedad, no lo hacen en interés del pueblo, del que también forman parte. Puertas que pueden abrir los ojos de muchas personas dormidas, y eso no es bueno, porque puede significar el fin del sistema corrupto y caduco en el que estamos desde casi el principio de las civilizaciones.
  • Que lo que pasó ayer no lo he visto nunca en ningún tipo de evento organizado dentro del sistema, en cualquiera de sus circuitos habituales.
  • No todo en la calle es bueno, sin embargo, la mayor belleza que veo en el mundo,  las almas más hermosas que me encuentro, suelen vivir con muy poco, ser muy humildes y no te confundas, muchas veces con estudios, que no es lo mismo que respeto y educación.

En cuanto a los cuerpos de seguridad, he conocido a unos cuantos policías. Los he conocido fuera de su trabajo. Y casi siempre he sentido en ellos mucho miedo, una gran desconfianza y cuerpos muy rígidos. Sé que a veces vuestro trabajo es difícil, pero ganaríais más fácilmente el respeto del pueblo en el que vivís si aprendieseis cuando aplicar y cuando no la ley. Conozco por encima la ley que se os aplica y sé que no es fácil. También sé que es el trabajo que habéis elegido. Y lo siento, pero es un trabajo de servicio al pueblo, no de represión y control del pueblo. La mayoría de las veces es vuestro uniforme lo que hace que la gente, decida que no merece la pena discutir, no vuestra autoridad personal. Sí, estoy diciendo que sin el uniforme sólo sois uno más de nosotros. Y que lo que hacéis, os puede pasar a vosotros o vuestras gentes cercanas a pesar del corporativismo propio de todos los gremios. Y que las personas, las adultas ya las jóvenes más adelante, van a ser los abogados, médicos, dentistas, educadores… dentro de unos años y quizás estos no sean los valores que deberíamos transmitir.

Vosotros también tenéis derecho a negaros a cumplir una orden que atente contra los verdaderos valores que deberían imperar en el mundo desde hace ya muchos miles de años.

Y lo dejo aquí, que cada uno se forme su opinión. Que sea crítico y decida qué le sirve de todo lo que he escrito y qué no.

Gracias a todos los que compartisteis esta experiencia, también a ti señor policía, porque si hay algo real, inspirado en todo lo que acabo de escribir, no es mío, es de todos los que estábamos allí. Gracias Lalina, por ser tan hermosa y por ser un ejemplo de lo que es resistir pacíficamente, en calma, con una energía que espero poder tener yo también algún día. Gracias Gus.

Esto pasó el cuatro de junio de 2016 en Granada. Al mismo tiempo, quizás estaba pasando en otros muchos lugares del mundo, junto con muchas otras cosas que suceden porque tenemos miedo, codicia, orgullo, soberbia, nos creemos mejores….

Y una pregunta:

¿ un edificio se merece más respeto que una persona?

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