Sobre…

Sobre la humanidad se pueden decir muchas cosas. Tantas que llegan a ser innumerables y ninguna de todas las que sea posible enumerar sirven absolutamente para nada, ya que las palabras y cualquier otra cosa inventada por nosotros no es más que una burda copia de algo que la naturaleza a creado anteriormente. No somos tan especiales como nos creemos, sólo somos motitas de polvo en la inmensidad del universo. Y al mismo tiempo, estamos dotados con la capacidad de ser algo tan maravilloso, que no hay forma alguna que sirva para explicarlo.

Vivimos rodeados por la caverna de Platón. Y esa caverna no es algo impuesto por los dioses, es algo autoimpuesto por nosotros mismos ante el miedo que tenemos a la realidad que se muestra en nuestro interior y que pugna por salir. Mientras, nosotros luchamos con todas nuestras fuerzas para que eso no pase y creamos un enfrentamiento continuo que nos desgasta espiritual y físicamente. Un enfrentamiento que es doble:

  • primero un enfrentamiento con nosotros mismos, con nuestro ser, con aquello que somos y que es lo que realmente nos va a permitir brillar con luz propia y poder realizarnos, evolucionar hasta el máximo punto al que podemos llegar. Una evolución que es diferente para cada uno y que quizás nos lleve a la siguiente etapa de la evolución de la que todo el mundo habla y que todo el mundo espera.
  • segundo, un enfrentamiento con todo aquello que viene de fuera de nosotros pero toca en esos puntos de nuestro ego (traduzcámoslo por personalidad) que nos obligan a revolvernos y atacar a pesar del sufrimiento que podamos causar a los demás y a nosotros mismos.  Sí, desde mi punto de vista muchas dolencias y males de nuestra sociedad están provocados por nosotros mismos y por nuestro entorno. Qué cada uno concluya o crea lo que desee.

La única forma real y posible para poder avanzar en nuestro camino personal y

globalmente como especie, pasa por realizar un trabajo personal que requiere tiempo, esfuerzo y atravesar muchas zonas oscuras por las que no queremos ni acercarnos.

Sin embargo, sólo si realizamos ese trabajo personal veremos el reflejo en la humanidad y habrá esperanza. Al revés de lo que otros creen, la humanidad no cambia como grupo sino que cambia a medida que lo hacen sus individuos. Es este cambio el que provoca la reacción de aquello que nosotros hemos creado y llamado sociedad.

¿Cómo pueden los individuos cambiar el mundo? Compartiendo, ofreciendo aquello que han aprendido en su evolución a aquellos que quieren aprender. Ofrecerlo libremente, en el sentido de que el ofrecimiento no lleva condiciones de uso, es decir, aunque yo te enseñe, tú tienes que crecer por ti mismo. Yo sólo seré tu apoyo por un breve recorrido en tu camino. Seré quien te ofrezca la mano mientras aprendes a caminar, luego tendrás que hacerlo por ti mismo y descubrir que es lo que había dentro de tí, que te llevó a seguir un camino duro y difícil y compartirlo a tu vez con otros, sí, también conmigo por favor. Pero siempre recordando que caminamos juntos como hombres libres, y que el liderazgo no está en manos del más fuerte, del más inteligente o del más guapo ni siquiera del mejor especimen; sino en manos de aquella persona que es más beneficiosa para el grupo, que realmente busca el bien común. O por lo menos así debería ser. Y siempre recordando que todos tenemos voto y que el liderazgo es una responsabilidad que se tiene por méritos propios y algo muy importante, porque los demás nos permiten ejercerlo.

Hay muchas formas de hacer las cosas, muchas técnicas para trabajar y hemos de recordar todos los que las utilizamos, que no son algo rígido e inamovible. Sino lo hacemos nosotros mismos retrocederemos en nuestro viaje a casa.

Creo que en breve, después de un largo aprendizaje y de compartir con todos aquellos que quisieron escucharme lo que iba aprendiendo; es posible que me ponga en la posición de enseñar alguna de estas técnicas. Deseo no olvidarme nunca de que sólo soy una motita de polvo en el universo, porque si lo olvido alguna vez no podré hacer aquello para lo que estoy aquí.

Doy gracias al origen de todas las cosas, a mis hermanos y hermanas, la luna, el sol, las estrellas, la tierra y todo aquello que existe, por dejarme estar aquí en el final de esta era. Aunque quizás sea la última que vea la humanidad y sea el último de mi estirpe.

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En nombre de la civilización hemos destrozado pueblos y culturas una y otra vez. Tenemos la suerte de que algunos pueblos han estado hasta hace poco en contacto con las antiguas tradiciones que nos acercan al espíritu de todas las cosas. Aborigenes, nativos, tribus amazónicas o africanas. Es hora de que la supuesta civilización les dé voz y escuche las palabras que tienen su origen en una fuente universal. Es hora de cambiar y aprender a ofrecer  en vez de enfrentarnos. De aunar lo viejo y lo nuevo y usarlo correctamente.

Gracias. A Red Cloud, Egumi, morihei, Taishen… a las aguilas, los lobos, los delfines, los osos… a los robles, los castaños, los olmos, cerezos… a Orzowai y a todos los personajes de fantasía y leyendas maravillosas…

Soy lo que soy, una pequeña motita de polvo en el universo.

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