Sobre el futuro del mundo

Cómo hablar de un tema como éste y hacerlo de una manera simple y que todos podamos comprender, independientemente de nuestro punto de origen. Perdonadme si no consigo hacerlo lo suficientemente bien.

El punto de partida es que el mundo está en guerra. No ha dejado de estarlo desde hace miles de años. Las guerras físicas, no han sido más que el vaso que desbordaba el agua. Es una guerra, una lucha por la energía. Luchamos por conseguir no sólo cosas materiales sino también cosas inmateriales y aquí es donde entra la energía.

Cada grupo ha aprendido a conseguir esa energía de diferentes maneras. Sólo que en vez de compartirla unos con otros intentamos robárnosla. Sinceramente creo que ese es el gran misterio que todos buscan resolver. Como llegar a la fuente original. Y no, como en todo hay algunos que se esfuerzan por compartirla, algunos de forma consciente y otros sin ni siquiera darse cuenta. Desde el comienzo de los tiempos en todas las tradiciones místicas, espirituales se ha buscado la armonía con el universo, con el planeta, da igual como se le llame. Y no, no vamos a evitar morirnos, eso es algo que ninguno de nosotros puede evitar, ni debería intentar evitar. Pero si podemos tener una vida más plena y saludable hasta que llegue ese momento. ¿Cómo? Creo honesta y humildemente, que compartiendo. Dejando de tener miedo, confiando, comunicándonos y enseñándonos unos a otros lo que sabemos, tratándonos con el respeto al que todo ser humano tiene derecho. Abriéndonos a todo lo que nos rodea. Esa es la forma de que sigamos teniendo un planeta y la esperanza de evolucionar como especie. A estas alturas sabemos que intentar mantener el equilibrio es una utopía, es hora de verlo de otra forma, de comprender que es necesario abrir la puerta que nos lleva al lugar del que todos venimos. De ayudarnos a VER, no sólo a una supuesta élite sino a toda la humanidad. Permitiéndonos tener tiempo para trabajar y tiempo para ocuparnos de crecer y vivir. De abrirnos para comprender a los demás y tolerar las diferentes frecuencias en que nos movemos. Ni las clases altas son mejores que las bajas ni al revés. He podido moverme en todo tipo de ambientes y en todos hay algo que merece la pena y algo que no. Dejar de juzgarnos, de pensar que unos son mejores que otros. Sólo es cuestión de frecuencias.

Ni el silencio, ni el ruido, ni la apariencia, ni lo físico, ni lo intelectual… No hay opuestos, son solo las dos caras de una moneda. Pero la moneda es una sola.

“El universo fluye en una danza maravillosa que hemos dejado de ver, de sentir”

Tenemos que aunar lo viejo y lo nuevo. Encontrar la forma de que todos podamos vivir en paz. Escuchar lo que queda de la sabiduría ancestral, la sabiduría de los pocos pueblos que tienen cercana esa forma de vivir que fue la nuestra, la de occidente y oriente antes de empezar a ser “civilizados” y decidir expandirnos con el pretexto que fuese. Sí, muchas cosas tienen que cambiar y caerse, como el decrépito sistema capitalista, las luchas políticas… Y eso pasará tranquilamente, si realizamos ese viaje interior que nos da tanto miedo. Tenemos la capacidad de elegir como queremos ser y sí, la elección tiene consecuencias.  Mi trabajo aquí era tan sencillo como traer un mensaje, queda muy poco tiempo, menos del que creemos para que se produzca el colapso del mundo que conocemos. Y después de transmitirlo, simplemente vivir, seguir creciendo, aprendiendo y ayudar en lo que pueda. Y no, no soy un mesías, ni un gurú, ni un vidente, ni un dios, no va a venir nadie a salvarnos. Todas las piezas del puzzle ya están entre nosotros, el mensaje ha sido dado una y otra vez de diferentes formas. Y nosotros lo único que hacemos es cerrar los ojos y seguir quedándonos en nuestra comodidad, en nuestro “círculo de confort”. Es hora de olvidar el pasado, vivir este presente y realizar el salto cuántico como especie. Hace siglos que no creamos nada nuevo, aparte de los avances científicos para evitar morirnos a toda costa.

El mensaje como dije, es siempre el mismo y es muy sencillo. Pero somos tan tontos y tenemos tanto miedo, que en vez de procesarlo, nos pasamos el tiempo discutiendo quien tiene razón y cuál es la explicación correcta. Creamos sistemas complejos a su alrededor y perdemos su sentido real.

Es hora de dejar de ser divergentes y empezar a converger. Dicen algunos que eso es lo que hará el universo. Quizás es lo que debe hacer la humanidad. Hemos pasado de un solo lenguaje a varios cientos…

Personalmente he trabajado mucho en mí mismo, en crecer como persona y lo he conseguido a costa de mucho sudor, lágrimas y esfuerzo. No, no soy perfecto, sólo he abierto muchas puertas que han estado cerradas para la mayoría de la humanidad desde hace mucho tiempo, por nuestra propia ceguera y egoísmo. Si tenéis curiosidad por saber cómo lo hice, si soy sincero, no lo tengo muy claro. Sólo sé que morí. Mi cuerpo funcionaba perfectamente, pero yo me morí por dentro. Todo desapareció a mí alrededor, creencias, personas, familia… y me quedé vacío.  Por algún motivo que desconozco, seguí viviendo en vez de quedarme catatónico, como alguna de esas personas que se encierran en sí mismas y dejan de hablar, de comer, de moverse, esperando que su cuerpo simplemente se agote. Quizás el dolor no fue suficiente para morirme de él. No lo sé. Sólo sé que algún rescoldo del fuego que según la mitología Prometeo le dio a la humanidad debía quedar por alguna parte de mi espíritu. Cuando empecé a reaccionar, decidí que tenía que encontrar algo por lo que mereciese la pena seguir vivo y luchar. Creí haberlo encontrado cuando decidí curarme y aprender todo lo posible para ayudar a otros a crecer y superarse a sí mismos. Así que empecé un camino que consideré adecuado para hacerlo. Empezó con psicología transpersonal, con releer libros que ya tenía y profundizar en temas como budismo, reiki, curación por imposición de manos, yoga, aikido, shiatsu, plantas maestras y todo tipo de conocimiento ancestral… No fue un capricho ni algo razonado, fue un camino que se iba abriendo ante mí a medida que lo recorría, El primer paso, fue entrar en mi parte más profunda y olvidada, quizás mi subconsciente o quizás otra cosa, me da igual como queráis llamarlo. El caso es que empecé a comprenderme a mí mismo, a comprender que motivaba cada comportamiento y reacción ante los demás.  Para ello, tuve que atravesar traumas profundos, complejos, miedos, rechazos, carencias y sentir una cantidad de dolor que hacía que me rompiese cuando menos lo esperaba, incluso cayendo al suelo intentando sujetar mi cuerpo, mi corazón y mi alma que sentía rotos en mil pedazos, sin poder llorar porque el dolor era demasiado grande incluso para eso. Aun hoy lo siento a veces. Tras esta primera y durísima etapa, en la que no era más que un autómata, empezaron a suceder cosas. Empecé a comprender mi vida, todas las cosas que veía, escuchaba, olía, saboreaba, tocaba y sentía de pequeño. A comprenderlo todo de una forma nueva, en términos no racionales, de energía. Podía sentir como fluía entre los seres vivos e incluso entre los objetos, no sé si porque nosotros los cargamos o porque ellos ya la tienen. Fui muy prudente con todo esto, es muy difícil hablar de ello sin que piensen que estás loco. Os voy a contar el proceso y mi experiencia, ojalá sirva de algo para intentar empezar un cambio.

A Continuación de la psicología transpersonal, basada en la consulta a la que iba y cómo averigüé por mis propios medios; en el eneagrama y las enseñanzas budistas del maestro zen Thich Naht Hanh. Y empecé a meditar. Primero en la consulta con unas explicaciones que por lo que puedo apreciar ahora eran resúmenes de libros de Thay y que yo diría que no bien comprendidos. (Sí, uno de mis dones es que soy muy inteligente, tengo una capacidad para relacionar y comprender más allá de lo evidente muy desarrollada y una memoria selectiva excelente. Sí, la modestia es buena cuando es necesaria, ahora es momento de ser completamente sincero, porque es la única forma de abrir puertas). Acabé meditando varias veces al día y a llevar ese estado a mí día a día. Pero eso implica muchas veces estar tan lejos del mundo, verlo desde una distancia tan grande, que dejas de vivir, es lo que los budistas llaman salir de la rueda del dolor, en la que estamos inmersos hasta el despertar como budas. Y no, no soy un buda, sólo una motita de polvo en el fluir del universo. Aprendí muchísimo, a ver realmente mi entorno y todo lo que lo conformaba. A disfrutar plenamente de un árbol y de un ligero soplo de viento así como a distinguir los momentos auténticos entre las personas, que son realmente escasos por cierto.

Meditando empecé a sentir mi cuerpo como nunca antes lo había hecho. Empecé a descubrir puntos del mismo que aliviaban el dolor en las meditaciones y otras cosas. Empecé a tener lo que algunos llaman sueños lúcidos, a poder hablar y dialogar con personas de mi entorno en un plano de existencia no material. No, no es magia, dice la física cuántica que los fotones parecen comunicarse de una forma instantánea lo que hace que su trayectoria varíe en circunstancias en que no debería ser así. Y no, no es telepatía, es como un diálogo sincero de espíritu a espíritu, en el que incluso se reciben posibilidades de futuro. Eso me llevó a comprender que mi cuerpo no soy yo y que sólo trabajando con él, escuchándolo, puedo estar pleno y cumplir lo que he venido a hacer a este mundo. Así que tenía que trabajar con él, dudaba entre artes marciales y yoga. Elegí este último y me formé como profesor. Conseguí que mi cuerpo estuviese en la mejor forma posible, porque trabajaba aquellas cosas que sentí que eran las adecuadas para mí. Sólo alguien que te ve realmente puede orientarte en qué y cómo trabajar y por lo que he visto, hay muy pocas personas capaces de hacerlo. Aunque he aprendido de todos aquellos con los que me he cruzado, ninguno ha sabido ser un verdadero maestro, o quizás es que de alguna manera yo he ido más lejos que ellos, no lo sé. Todos sin excepción, han intentado convertirme en un miembro de la “secta” y en algún momento han intentado obligarme, someterme, captarme, fuera de lo que es su ámbito de maestría. El Tao habla de los verdaderos maestros y no son los que yo me he encontrado, aunque sí he aprendido de ellos.

Bueno, en el primer año de yoga vino la ayahuasca. Algo me dijo “es el momento”, así que investigué, conseguí las plantas que necesitaba y cuando ya lo tenía todo, descubrí que en la consulta a la que iba, la ofrecían, así que decidí ir sobre seguro y aprovechar su experiencia, allí tuve tres viajes, el primero no fue más que una introspección, como cuando estás medio dormido dándole vueltas a algo. El segundo fue maravilloso, una de las más increíbles experiencias que he tenido en la vida. Pude ver la danza  del universo, como cada partícula se mueve conforme lo hacen las demás en una danza donde hay una comunicación completa a un nivel tan profundo que la mayor parte de nosotros no es capaz de comprender. Sí, yo creo que en ese mismo nivel, los fotones y todos los elementos del universo se comunican cuando es necesario. El tercero no es relevante. A partir de ahí, tenía el permiso, no tengo muy claro de quien, para preparar mi propia yaya. Lo hice y tuve una serie de viajes muy interesantes que fueron abriendo muchas cosas en mí. Y aunque fui al ritmo que me dictaba mi propio espíritu, quizás se abrieron demasiadas puertas entre unas cosas y otras. El caso es que me quedé enganchado en la última toma durante varios días, quizás a caballo entre el plano material y el espiritual, y sufrí un brote psicótico. Dicen que todo chamán sufre una muerte en vida, una gran crisis antes de serlo completamente y desde luego en otras culturas es así, no como en occidente.  Ahora tengo permiso para tomarla yo y para ofrecerla a otros si me lo piden y lo creo adecuado.

Obviamente estuve ingresado, creo que un par de semanas y luego me dejaron irme a casa bajo tutela. Lo peor de todo, no fue el brote, todo lo que pasó en él, que gracias a no sé qué, no le he contado nunca a nadie. De lo que pasó, he aprendido muchas cosas sobre mí y de donde procedo. Lo peor fue la medicación y el trato con los psiquiatras. Tuve la suerte de tener una doctora que sí me escuchaba durante el ingreso domiciliario, pero cuando se acabó… La medicación es como estar reducido a un 10% de tus capacidades físicas y mentales. Es como si tu cuerpo pesase y fuese muy lento y tu cerebro… puff. Por lo menos esa fue mi experiencia. Gracias a dios, tuve el apoyo de la que era mi chica en ese momento. Fue la única que no me trató como si estuviese enfermo y me dijo: “tú tranquilo”, que sólo era parte del proceso en el que me había metido. Sí, da miedo, pero da más miedo como te trata el sistema, sino fuese por el apoyo de ella, mi cabezonería y la fuerza de mi espíritu ahora estaría tomando pastillas y catalogado como un enfermo crónico. Y sí, si me preguntáis si estoy loco, la respuesta es sí, me atrevo a hacer cosas que poca gente hace y a resultas algunas personas se me quedan mirando. A cambio vivo la vida de una forma completamente diferente, tengo experiencias maravillosas y hablo con gente increíble de la que recibo regalos maravillosos.

Después probé masaje metamórfico y flores de bach. Me pasó lo mismo, aunque en ese momento no lo entendí del todo. Mientras lo hacía tuve experiencias muy interesantes y una realmente excepcional con una mujer que estaba completamente abierta y a la que le pude ofrecer un regalo, algo que ella tenía pero que no quería aceptar. Durante el masaje lo aceptó. No sólo eso, para mi sorpresa ella me hizo un regalo que pude sentir y que está muy firmemente arraigado en mí. Pero claro, yo no sigo las pautas establecidas ni en yoga, ni en masaje metamórfico, ni en shiatsu, ni en artes marciales. Cuando entro en la práctica se abren puertas que tengo que seguir pese a quien pese, porque es lo adecuado para la persona que está conmigo o para mí mismo. Para explicarlo, podríamos decir que dentro de mi algo se abre del todo, diría que es mi puerta a aquello que soy realmente, algo inconmensurable que procede del origen de todo, del principio de los tiempos y que de alguna forma me guía. Es como ver el camino correcto y que el que se cree tu papá te diga que ni de coña y quiera cogerte de la mano y llevarte por otro lado. Y sí, soy un burro cabezón que no se calla cuando algo no tiene sentido y eso no le gusta a nadie. ¿Cómo alguien que no tiene ni idea de algo que yo llevo haciendo mil años puede hacerlo de otra forma? Pues porque un sistema no es más que una estandarización para poder aprender algo cuando no se comprende, con el mínimo riesgo posible. Y lo siento, yo VEO en mayúsculas. Y sí, sólo puedo hacerlo si es el momento y la otra persona me lo permite, no racionalmente, sino a través de su espíritu profundo. Quizás tú no me ves a mí. Quizás sabes que el velo se está cayendo y te da miedo. Como ya he dicho otras veces, mi impresión es que muchos pretendidos expertos no saben muy bien lo que hacen, repiten pautas aprendidas, y eso puede ser peligroso.

Y bueno, con aikido y shiatsu pasó algo parecido, así que no merece la pena ni hablar de ello.

Sólo aprendiendo a fluir y danzar con el universo entero, tendremos la esperanza de un futuro. Y para ello es necesario aprender a fluir con nosotros mismos. El mayor hándicap que tenemos para lograr todo esto, es nuestro miedo. Miedo que se esconde detrás de la mayoría de nuestros comportamientos. Miedo que en definitiva se puede reducir al miedo a morir.

No sé si he conseguido mi propósito. Si os parece relevante, por favor, compartidlo. Muchas gracias.

íñigo l.

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