Tras pasar el velo…

Él no entendía como llegó a pasar. Llevaba una vida tradicional, trabajar para pagar la hipoteca, ocuparse de los niños a medias con su mujer… y poco tiempo para él mismo.

Quizás sucedió porque siempre había sido muy observador, siempre queriendo aprender como funcionaban las cosas y sobre todo las personas. Ya no es importante, ahora todo era diferente. Había encontrado una piedra roseta a la comprensión, a la fuente universal del conocimiento y la energía.

Al principio, le pasó como a todo el mundo. De vez en cuando se fijaba en alguna persona y de repente se daba cuenta que se parecía mucho a otra que ya conocía. Era motivo de risas y algo que comentar con los conocidos y quizás motivo para un mensaje en plan: hey! como va todo, me acabo de encontrar con alguien muy parecido a ti.

Poco a poco, el número de parecidos fue incrementándose. Le asustaba incluso. Con el tiempo empezó a darse cuenta de que le pasaba en todos lados. Era como si en cada ciudad, en cada lugar diferente, encontrase círculos de personas similares. Como si el mundo en vez de ser tan variado, se repitiese una y otra vez. Claro está con pequeñas diferencias. De alguna forma, las personas eran diferentes. E incluso algunas con las que no congeniaba en un lugar, eran tolerables e incluso simpáticas en otro.

Era realmente extraño. Era como si toda la humanidad estuviese formada por algo así como clones aunque no idénticos. Algunos incluso tenían un color de pelo diferente. Poco a poco, se fue acostumbrando, hasta llegó tomárselo de cachondeo y pensar lo ridículo que era que siempre fuéramos los mismos y en todo este tiempo, incapaces de solucionar nuestros problemas y seguir evolucionando.

“Somos como niños que se limitan a copiarse unos a otros, a quitarse los juguetes y a pelearse por ellos”

Decidió no darle más vueltas y limitarse a vivir su vida. Así que se duchó tranquilamente pensando en el café y las tostadas que le esperaban en la cafetería de la esquina, era su momento del fin de semana. Cuando fue a afeitarse, descubrió que no se reflejaba en el espejo. Miró hacia abajo y no pudo ver su cuerpo. Iba a gritar asustado, cuando una especie de suave brisa lo envolvió todo y sintió como esa parte de él que todavía estaba viviendo ese momento, se esparcía y se unía con la totalidad del universo, con todo lo que es y  lo que todavía no es. Era una sensación increíble. De alguna forma era como sentirse completo y no sólo una parte de algo. Y comprendió. Y experimentó. Y mientras seguía adelante, mandó una ola de compasión a la humanidad perdida, ausente, temerosa. Esa ola, dejó un mensaje en aquellos que quisieron oírlo:

“No hay forma de describirlo ni de imaginarlo!! wow. Os esperamos aquí”

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