Hoy me pido perdón.

Hoy me he convertido en una de esas personas que defienden a ultranza aquello en lo que creen a costa de imponérselo a otra persona. Siempre he creído que imponer algo no era un buen camino para encontrar el consenso y poder cambiar, crecer como personas y construir un mundo mejor.

Me he convertido en aquello que siempre he odiado. Sé que para muchas personas, que alguien ceda, evite una discusión y pase de largo es un síntoma de debilidad y sé que hay momentos en que es necesario no imponerse, pero sí seguir tu camino apartando la piedra que te encuentras delante. He aprendido a hacerlo y eso es bueno, pero hoy podía rodear esa piedra, no era necesaria la confrontación y menos por una estupidez, como ha sido.

Hoy, me planteo cuál sería la mejor forma de tratar a estas personas que creen en la rigidez, en que cada cosas tiene su sitio y es inmutable. Me lo planteo, porque yo lo he hecho tan mal como la persona que tenía enfrente.

Sé que sólo fluyendo, aprendiendo a adaptarse no sólo entre nosotros, sino con todo lo que existe a nuestro alrededor, es posible evolucionar, crecer. He visto la agresividad, la rigidez en mi infancia y siempre he creído que ese no era el camino. Hay una diferencia entre dialogar e imponer, una diferencia que está más allá de las palabras que utilizamos. Está en la actitud, en el tono que usamos… He sido educado y cortes, mientras que a mi me han insultado, ¿para provocarme? ¿ para quitarse parte de la tensión que esa persona tenía encima?. El resultado ha sido crear una ola de violencia, una ola que puede que se haya quedado entre nosotros dos, o que haya dado la vuelta al mundo.

La ciencia tiene teorías como el efecto mariposa, el efecto dominó… sé que lo que ha sido hecho no puede cambiarse, así que sólo me queda hacer lo que encabeza este título. Pedirme perdón, no sólo a mi, también al universo entero.

Demasiada densidad de población, demasiado estrés, recursos  mal compartidos y mal utilizados, el miedo de cada uno de nosotros a perder su medio de vida. Puedo verlo y comprender muchas cosas. Si somos capaces de cambiar, tenemos que hacerlo juntos, voluntariamente, sin imponernos unos a otros. Hoy no he seguido mi camino, hoy me he peleado con la piedra. Y sinceramente, creo que esa es la peor opción.

Así que humildemente pido perdón y sigo caminando, con el deseo de aprender bien esta lección para no repetirla.

íñigo l.

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