Jugando con el tiempo

Decidió ir a dar un paseo por el bosque que estaba cerca de la playa a la que iba todos los días a nadar. Había visto que a pesar de que era muy temprano, los pocos erizos de castaña que había, llevaban tiempo cayendo. Eran unos erizos pequeños, con castañas sin madurar, por algún motivo habían caído antes de tiempo. No esperaba encontrar muchas castañas en condiciones.

Esto es solo un pequeño relato. Como todas las historias algo de ésta es real, cada vez más entornos naturales están desapareciendo en aras del afán de la humanidad de crear un entorno fácil, con bosques artificiales, carreteras que suben a picos de 3500 mtros sólo para que no haya que esforzarse en subir… Yo reflexiono cada día por lo que estamos haciendo y busco formas de aligerar la carga del planeta. De mantenerlo limpio y vivo, ya que sin él, yo no podría respirar ni alimentarme. ¿Tú sí?

Con su bolsa en una mano, iba fijándose en los erizos y en el suelo bajo los castaños. Se daba cuenta de que esos cambios en los ciclos de la naturaleza estaban causados por el afán de la humanidad por controlar el mundo, por querer darle forma. Al principio, no veía ninguna castaña o erizo que mereciese la pena. Poco a poco, empezó a sentir el bosque, los castaños centenarios y los otros árboles que crecían también en él. El espíritu del bosque empezó a hablarle y a entrar en él, lo guío entre los árboles centenarios y de repente empezó a verlas, unas castañas enormes, perfectamente formadas y en su punto. Allí donde miraba una de ellas le llamaba y así fue llenando la bolsa.

De repente sintió la necesidad de pararse, estaba sobre una roca cerca de la parte alta del bosque. Respiró y miró a su alrededor. Y comprendió. El bosque que veía no era el mismo bosque de siempre, y sin embargo de alguna manera seguía siéndolo. Comprendió que estaba viendo el espíritu de todas las cosas que allí había, que estaba recogiendo las castañas que habrían sido un mes más tarde, si la naturaleza siguiese su ritmo sin interrupciones. Estaba recogiendo unas castañas que nunca existirían. Y comprendió que era un regalo del bosque. Un regalo por escucharle, por sentirle, por darle las gracias por el aire limpio, por el alimento, por la madera, por los animales que habitaban en él y le habían proporcionado, carne, miel, pieles… Por  agradecer al universo, a la tierra, que le hubiese acogido y dado una casa donde vivir.

Y el bosque le susurró al oído a través de una suave brisa, del rumor de las ramas y las hojas, mientras se marchaba a casa. Estamos desapareciendo, quizás estas sean las últimas castañas que podemos darte…

Anuncios
Esta entrada fue publicada en palabras encontradas y etiquetada , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s