Cómo

Ayer fui a un concierto, tocaba una amiga. Una de esas personas que suelo encontrarme habitualmente:

Un bar pretencioso, lleno de arte caduco y recargado.

La música esparcida por el aire, acompañando a una voz.

Ruido, ruido, ruido, ruido

 de un público que no está escuchando.

¿Qué hacen allí?

¿A qué han venido?

Algunos parecen escuchar,

es difícil sintonizar, demasiadas frecuencias diferentes

todas pugnando por llamar la atención.

Almas infantiles, pidiendo a papá que les haga caso.

cierra los ojos, separa las frecuencias,

 deja sólo un canal abierto,

el de la melodía y esa voz.

Sólo en ese canal hay sonido, el resto,

sólo ruido fuera de contexto,

sólo niños en plena pataleta,

cómo podrían oír, ver… sentir

la maravillosa danza fluyendo,

sino se ven ellos mismos.

Sino ven lo que hay alrededor.

13 octubre 2016 

íñigo l.

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