Una pequeña historia sobre el mundo

Se llamaba coco y era un coquer pelirrojo. Vivió durante muchos años, todos los que puede vivir un perro. Cuando murió, me había ido a vivir a otra ciudad. Recuerdo que el último año antes de mudarme; en casa de mi hermana, el perro era un estorbo y su padre decía que ya estaba muy mayor y que estaba sordo y ciego y que le quedaba poco para morir.

Sin embargo, cuando estábamos juntos, el perro me oía perfectamente y corría detrás de mi sin problemas, incluso cuando saltaba los muros de ladrillo, para subir a las zonas con árboles del parque, el perro saltaba detrás sin ningún problema.

Yo no estaba de acuerdo con mi padre, cuando miraba no veía al mismo perro que él, sólo veía a un perro sin ningún tipo de valoración ni juicio sobre él. Quizás lo que yo veía era el espíritu inmortal de mi perro.

Cuando me mudé, el perro tardó muy poco en morir. Quizás porque excepto yo, era lo que todos querían.

Ahora, a veces cuando estoy por ahí de paseo y paro a descansar, siento que él y el pobre perro pastor que siempre estaba sólo y al que acariciaba al pasar, apoyan sus cabezas en mi regazo.

 

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