Hubo un tiempo

Hubo un tiempo de magia, una época, una edad. Mi edad. Fue el tiempo en que los primeros que llegamos creamos las reglas, creamos la danza mágica que nos debía regir. Al principio Todo fluía en armonía, porque aquello que fue el comienzo, aquello que estaba antes se mantenía unido en nosotros, dentro y fuera de todo lo que tenía vida, tal y como la entendemos ahora y tal y como es en realidad.

Hubo un momento en que me tocó ir a dormir, hecho mi trabajo me fui a casa a preparar el camino de los míos, de mi tribu, de mi clan, de mi estirpe.  Y mucho se perdió. Me dijeron, no vayas, no hay nada que hacer, su camino es la extinción, han dejado de adaptarse, de evolucionar. Los dioses se han ido, porque son sólo la excusa que utilizaban para destruirse.

Sin embargo, ¿cómo no intentarlo? ¿cómo no querer volver a aquello que ayudaste a crear?.

Y me encontré un mundo dividido, un mundo masificado y en lucha continua, donde todos quieren ser los más fuertes, tener más poder y mandar. Donde sólo unos pocos, muy, muy pocos, viven en paz consigo mismos.

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y el tiempo y la materia desaparecieron… y nadie los volvió a encontrar nunca.

Me encontré un mundo que ya no quiere aprender, un mundo viejo y decadente. Y entonces, cuando morí, volví a ver por un tiempo, y vi que unos y otros eran iguales, vi que sólo giraban en un círculo sin fin. Y vi, que sabían mucho más de lo que mostraban. Y comprendí que simplemente no querían. Seguían luchando para ganar, para estar por encima. Así que las puertas que abrí al conocimiento antiguo y al nuevo, se volvieron a cerrar, y la magia. La que ellos buscaban quedó oculta, inalcanzable para todo aquello que tenía que desaparecer con el fin de esta edad. Conmigo.

Y sólo, sólo se volverían a abrir, en otro mundo, si es que era posible crearlo. Y entonces, llegó mi final, y me diluí del todo, dejé de ser el medio, dejé de ser el vínculo. Y ya no tuvieron acceso. Sólo les quedó el recuerdo de lo que pudo ser. Y el tiempo que le quedaba al cuerpo que me fue prestado, fue para vivirlo en paz, disfrutar de mi última venida a este mundo, de mi nueva familia adoptiva. Para ser feliz, con lo suficiente para vivir, con lo suficiente para ser feliz, con lo suficiente para alimentar mi cuerpo y mi espíritu. Lo suficiente…

Y los que otrora fueron mis pares y ahora no son sino meras sombras, esos que me conocieron en el albor de esta era, de esta edad, estos se vienen conmigo para no volver. Y sólo quizás, algo nuevo pueda cambiar lo hecho y crear un nuevo presente, algo que ya no tendrá que ver con esta realidad… algo que he visto en mis sueños, suerte pequeños, porque la magia antigua se va hoy, y con ella, todo lo viejo, que desde ahora pierde su poder como fue predicho. Quedando vacío. NO busques los viejos viajes, los viejos estados, porque se han ido, y las pequeñas ondas que quedan se están diluyendo.

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y lo viejo llegó a su fin y perdió todo su poder.

El fin de esta edad ha llegado! y aquello que hemos pretendido evitar viene, lleno del fuego de una nueva energía, una que nadie podrá manejar, una que nos extinguirá si no saltamos.

Esta es la profecía del gran espíritu, de aquel que recorrió el mundo, de aquel que tiene muchos nombres, de aquel por el que estúpida y neciamente se ha matado y luchado.

íñigo l. 
(relato corto) Día 7 de la cuenta atrás
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