Sobre el derecho a la vida

Adoro la vida, disfrutarla, sentirla, recorrerla. Una vida que cobra significado cada vez que por un segundo, todo desaparece y te encuentras conectado a algo indescriptible, que te hace saber y comprender todo, de una forma que por supuesto es inexplicable.

Nos hemos perdido buscando explicaciones, creando reglas y normas. Somos tan inteligentes, geniales y maravillosos que hemos conseguido crear un mundo paralelo, un mundo en el que sólo nos conectamos entre nosotros de forma casi endogámica y que no es más que un triste reflejo de aquello que hemos perdido.

El derecho a la vida es un reflejo de todo esto. En el se incluye el derecho a vivirla según el camino que nos toca recorrer, lo cual tratamos de impedirnos los unos a los otros constantemente. Y por supuesto la decisión de saber cuando ha llegado a su fin. Antes esto no era un problema, cuando era el momento uno se moría, no había vuelta de hoja.

Sin embargo, en este mundo humano que hemos creado, hemos encontrado razonamientos vacíos y formas de impedir que alguien muera. Somos capaces de mantener a alguien con vida a toda costa, incluso de mantenerlo con vida en contra de su propio deseo. Todo esto, bajo la hipócrita justificación de que matar es algo malo. Y sí, es cierto que no es necesario, tan cierto como que lo estamos haciendo todo los días, en los mataderos de animales, pescando, recogiendo plantas para comérnoslas… . Por supuesto que esto no está mal, por ahora tenemos que alimentarnos. Lo que está mal es la forma en que tratamos a todas estas formas de vida y lo que es todavía peor, todo lo que desperdiciamos y que se pierde. Y oye, puede que ellos viertan la sangre, pero nosotros lo comemos. lo vestimos…

El caso, es que el respeto a la vida no significa mantenerla a ultranza, sino aprender a escuchar y respetar el camino de cada forma de vida. Quizás el punto de inflexión sea la problemática de aquellas personas que están en condiciones críticas y a las que mantenemos con vida sí o sí, incluso en contra de su voluntad. Por ejemplo el caso de Sampedro. ¿Quienes somos nosotros para no permitir que alguien que ve que ha llegado el momento de partir, lo haga? Dicen los médicos que el juramento hipocrático y el código deontológico no les permite facilitar un vaso con la morfina o el cóctel necesario y una pajita… pero existen los abortos. Hace mucho tiempo, supongo que debido a todo lo que he visto aprendido y experimentado en mi vida, quise saber que decía exactamente el juramento hipocrático.

“En el momento de ser admitido entre los miembros de la profesión médica, me comprometo solemnemente a consagrar mi vida al servicio de la humanidad.

Conservaré a mis maestros el respeto y el reconocimiento del que son acreedores.
Desempeñaré mi arte con conciencia y dignidad. La salud y la vida del enfermo serán las primeras de mis preocupaciones.
Respetaré el secreto de quien haya confiado en mí.
Mantendré, en todas las medidas de mi medio, el honor y las nobles tradiciones de la profesión médica. Mis colegas serán mis hermanos.
No permitiré que entre mi deber y mi enfermo vengan a interponerse consideraciones de religión, de nacionalidad, de raza, partido o clase.
Tendré absoluto respeto por la vida humana.
Aún bajo amenazas, no admitiré utilizar mis conocimientos médicos contra las leyes de la humanidad.

Hago estas promesas solemnemente, libremente, por mi honor.”

versión de la convención de Ginebra de 1948

Todo él no tiene desperdicio sobre la forma en que funciona la realidad humana. Aunque está claro que cada uno lo interpretará a su manera, para mi recoge entre otras cosas que lo primero es el enfermo, ser capaz de escucharle y ayudarle en su camino vital, pero también ayudarle a finalizarlo cuando es el momento.

En “million dolar baby” Clint Eastwood aborda este tema y nos plantea la misma cuestión. Personalmente no me he visto nunca en la misma situación que se refleja. Sin embargo, todo lo que he vivido me dice que haría exactamente lo mismo que él.

 

Con todo mi amor a mi madre, que nacía en esta fecha y que con su muerte me envió por un camino de aprendizaje sin fin, lo que creo que fue un regalo maravilloso a pesar de su dureza y el dolor que lo acompaña en algunos momentos.

íñigo l.
28/02/2017
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